Diana Grosser, jefa de Turno de Mantenimiento, Minera Centinela.
A sus 27 años, la jefa de Turno de Mantenimiento de Minera Centinela repasa su primer año en la compañía; los desafíos de abrirse camino en un rubro históricamente masculino y su aspiración dentro de la industria.
Con solo un año en Minera Centinela, Diana Grosser ya se ha enfrentado a escenarios exigentes y dinámicos que caracterizan su trabajo en mantenimiento de faena. Ingeniera civil mecánica de formación, llegó a la operación a través de un programa de entrenamiento y hoy lidera un equipo en el área de Molienda, rol que combina terreno, gestión y toma de decisiones rápidas.
Con 27 años, la profesional repasa su experiencia en la compañía, el valor de la inclusión femenina en minería, su aprendizaje en un entorno desafiante y las metas profesionales que proyecta para los próximos años.
¿Cómo ha sido su experiencia este primero año trabajando en Minera Centinela?
Súper buena. Yo venía de otra empresa donde trabajé un año, pero acá me ha gustado mucho. Si bien el área de mantenimiento suele catalogarse como un entorno más hostil y predominantemente masculino, para mí ha sido grato, me ha gustado. Siento que, al menos acá, se nota mucho la diferencia o la inclusión quizás de la mujer en el área, obviamente hay casos y casos, sostengo que ha sido muy grato el ambiente; la disposición que tienen todos para enseñarme y aceptarme, porque a veces siempre hay un poco de recelo cuando uno entra joven y sin experiencia con trabajadores que ya llevan toda su vida laborando. La recepción ha sido súper buena. Cuento con bastante apoyo, eso me ha servido para ir creciendo profesional y laboralmente.
GUSTO POR EL TRABAJO EN TERRENO
Mencionó su visión como mujer en una industria tradicionalmente masculina. ¿Podría profundizar un poco más?
El primer choque cultural lo viví al entrar a estudiar. Incluso en el colegio algunos profesores me preguntaban por qué me interesaba esta carrera. Lo mismo ocurrió cuando entré en la universidad, siempre con la duda de por qué estudiaba mecánica. Es un área más varonil quizás, y siempre respondí que me gustaba el trabajo en terreno.
En ese entonces ni siquiera conocía la minería, así que fue todo nuevo para mí, sin embargo, todo lo que cuento es mi apreciación, porque soy consciente de que hay personas y mujeres que les cuesta adaptarse al trabajo, al rubro, así como también hay gente que les cuesta adaptarse a las mujeres. Pero siento que va mucho en la forma de ser y el carácter con el que uno se presenta a trabajar. Para mí lo primero siempre es la humildad cuando llego a un trabajo y esto es algo que me aconsejaba mi papá, obviamente sin imponer el título, porque a veces cae mal. Siento que cuando uno llega con la postura de querer aprender, de recibir información, asumiendo que hay cosas que ahora no sé, y que tengo que ir aprendiendo, el tiempo solo te da la información. Eso me ha ayudado a que me vaya bien, tener buena llegada con la gente, tanto con los supervisores como con los trabajadores, o con mi jefatura.
Dijo que sus profesores le preguntaban por su interés en la carrera ¿Qué es lo que le gusta de la mecánica? ¿Por qué eligió esta carrera?
Elegí mecánica porque en realidad en el colegio me gustaba mucho la física, especialmente áreas como la termodinámica. No tenía muy claro qué estudiar, pero sabía que quería algo relacionado. Cuando entré a la universidad fui ayudante y eso reforzó mi interés. Ya después trabajando descubrí que también disfruto mucho la relación con las personas.
Nunca quise un trabajo encerrado en una oficina, prefería una labor dinámica y con terreno. De hecho, le pedí consejo a un profesor para escoger una carrera que me permitiera eso. Me gusta mucho estar moviéndome, creo que me aburro un poco con la rutina y así llegué a ingeniería mecánica. Hoy lo agradezco, porque el mantenimiento es un área muy dinámica, es muy poco rutinaria, siempre es un caos, porque constantemente hay fallas, eso me gusta. Obviamente es estresante, porque hay que estar reaccionando rápido, pero me agrada. Si bien tengo labores administrativas que son rutinarias, el día a día me quita mayor tiempo, porque hay que estar respondiendo a las necesidades que te da la planta.
PREPARADA PARA LA CONTINGENCIA
¿Recuerda algún caso particular donde haya tenido que enfrentar una situación compleja?
Sí, por ejemplo, hace unos días me tocó reemplazar al jefe de turno del área de chancado. Yo tenía mi rutina planificada para preparar la mantención mayor que se viene, pero tuve que asumir este otro rol por dos días. Normalmente, hacia el final del turno las cosas son más tranquilas, pero justo ocurrió un problema. Se estaba desalineando un acoplamiento del chancador secundario, un equipo crítico que detiene toda el área si falla. Fue caótico porque obligó a sacar recursos, conseguir repuestos rápidamente y reorganizar completamente las actividades. Inicialmente solo me autorizaron dos horas y media para cambiar el repuesto, pero advertí que el alineamiento completo tomaría más tiempo. Cuando vimos que no quedó bien, tuve que asumir la decisión de parar nuevamente, priorizando la seguridad y el funcionamiento correcto por sobre la presión de producción. Estuvimos hasta las dos de la mañana trabajando, fue cansador, pero necesario. En realidad, en el día a día siempre hay fallas, es una constante que hace salir de la rutina, y a veces no se puede cumplir con las actividades que están programadas.
Cuénteme sobre su primera experiencia laboral después de salir de la universidad y cómo llegó a Centinela.
No vengo de familia minera, entonces era algo desconocido, y como estudié en Santiago, en la USACH, no tenía mucha noción del rubro. Cuando estaba por terminar la carrera comencé a postular a distintos programas de graduados. Postulé a Codelco y a AMSA, pasé etapas, pero no quedé en ese momento. Finalmente ingresé a Codelco en un programa graduado, en el área de operaciones en Salvador, y fue aprendizaje. Supe lo que era el mundo de la minería, pero sentía que me faltaba algo, porque entré a un área de operaciones y no al área de mantenimiento que me corresponde como mecánica. Uno llega a su programa y no elige dónde queda. A pesar de que me fue bien y tenía mi cargo, sentía que me iba a quedar atrás con el área de mantenimiento y no iba a poder crecer y tampoco me iba a poder desarrollar en lo que estudié, eso eventualmente iba a afectar mi carrera profesional porque cuando quisiera postular a otros trabajos, quizás me iban a pedir experiencia de mantenimiento.
Por eso, después de un tiempo empecé a buscar nuevas oportunidades. Siempre había escuchado buenos comentarios de Centinela y ese era mi objetivo principal.
Postule de nuevo a varios programas para poder entrar a mantenimiento. Había quedado en uno de BHP y estaba a punto de avanzar cuando un reclutador me contactó para un programa de entrenamiento sobresaliente que no estaba publicado y que derivan de las postulaciones a jóvenes profesionales. Tuve la entrevista, y la verdad fue como caída del cielo, porque era todo lo que quería: un turno 7×7, para tener más libertad, turno solo día, y en el área de mantenimiento y ejecución. Finalmente pasé la etapa y ahí me cambié de trabajo.
¿Cómo es un turno típico en la mina?
Mis turnos empiezan viajando en avión y luego bus. El primer día del turno suele estar lleno de reuniones porque coinciden con los ejecutivos y los equipos 4×3 como superintendentes. Mientras participo en esas reuniones, la planta empieza a requerir cosas y ahí comienza la priorización.
Cada mañana tenemos una reunión de inicio de turno donde entrego novedades y distribuyo las actividades diarias. A partir de ahí, debo equilibrar las reuniones con las demandas del día a día, como emergencias, llamadas de la operación y organización del equipo técnico. Creo que eso es lo principal de mi rol, ir priorizando según lo que te van pidiendo, ir viendo qué es lo más importante, qué es lo que te afecta más a la producción o qué te impacta más en temas de seguridad.
En realidad, mi rol siempre es un 80 por ciento en terreno y 20 por ciento en tareas administrativas. Uno tiene que ir compatibilizando y correr a reuniones, ir a terreno a ver las actividades y firmar la documentación. En la mañana cuando se dan las actividades, lo primero es firmar la documentación a los trabajadores, tanto de seguridad como de ART de procedimiento. Al final del día —que pasa muy rápido, porque en general son 12 horas trabajando— tenemos una reunión entre supervisores donde se dan las novedades para informar al supervisor que está de noche, él distribuye las actividades a los técnicos que están de turno para darle continuidad a la planta. Eso es el día a día, entre reuniones, ir a buscar repuestos a bodega cuando hay emergencias, ir a terreno, firmar documentos, ver seguridad, etcétera.
De aquí a 5 o 10 años, ¿dónde se ve?
Me gustaría llegar arriba, estoy preparándome para eso. Ahora estoy cursando un diploma. Siendo optimista, de aquí a 7 años más me gustaría tener un cargo ejecutivo como superintendenta de algún área de mantenimiento o de proyecto en minería. También me veo obteniendo algún MBA en 3 años más, espero, para eso estoy trabajando.







