Por equipo de redacción Multimedios.
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Aunque el país sigue siendo el principal productor mundial del metal rojo y concentra las mayores reservas conocidas, expertos advierten que el verdadero riesgo no está bajo tierra, sino en la capacidad de materializar inversiones, mejorar la productividad y acelerar nuevos proyectos en un contexto de creciente competencia global.
Chile sigue ocupando una posición privilegiada en la industria minera mundial. Según datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el país produjo 5,3 millones de toneladas de cobre en 2025, equivalente a cerca de una cuarta parte de la producción global. Muy por detrás se ubicaron República Democrática del Congo, con 3,2 millones de toneladas, y Perú, con 2,7 millones.
Sin embargo, en una industria marcada por la transición energética, la electromovilidad y el crecimiento de los centros de datos, la pregunta sobre si Chile podrá mantener ese liderazgo durante las próximas décadas comienza a instalarse con fuerza.
Para Francisco Rivas, director de Ingeniería Civil en Minas de la Universidad Central, el riesgo existe, aunque debe analizarse con perspectiva.
“Chile no va a dejar de ser un actor relevante de un día para otro. Seguimos siendo el principal productor mundial de cobre, tenemos los recursos geológicos más grandes del mundo, una industria madura, infraestructura, proveedores, capital humano y una experiencia minera que muy pocos países tienen”, sostiene.
No obstante, advierte que otros países están avanzando con rapidez en nuevas inversiones y proyectos. “Si Chile no logra aumentar su producción a través de nuevos proyectos, puede perder peso relativo y capacidad de capturar valor como referente mundial de la minería”, agrega.

Competencia creciente
La preocupación no radica únicamente en el avance de competidores como Perú o República Democrática del Congo, sino también en los desafíos internos que enfrenta la minería chilena.
Víctor Pérez, académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez, afirma que el liderazgo chileno sigue siendo sólido, pero ya no puede darse por garantizado.
“Chile sigue siendo el rey indiscutido del cobre, pero ya no duerme tranquilo. La pregunta no es si alguien le arrebatará el cetro de un golpe, porque eso no ocurrirá pronto, sino si Chile se quedará quieto el tiempo suficiente como para que otros lo alcancen”, señala.
El académico agrega que “el enemigo del liderazgo chileno no vive en Kinshasa ni en Lima; vive en casa y se llama inmovilismo”.
La advertencia se produce en momentos en que la industria enfrenta desafíos estructurales. La disminución de las leyes minerales obliga a procesar mayores volúmenes de roca para obtener la misma cantidad de cobre. A ello se suman mayores costos energéticos, exigencias ambientales crecientes, necesidad de incorporar agua de mar y procesos de tramitación que pueden extenderse por varios años.
La cartera de proyectos bajo examen
Uno de los principales activos de Chile es su amplia cartera de inversiones mineras. Diversos estudios proyectan iniciativas por más de US$100.000 millones para los próximos años, impulsadas tanto por la gran minería privada como por empresas estatales.
Sin embargo, Rivas advierte que el verdadero desafío es convertir esos anuncios en proyectos concretos: “Se habla de más de US$100.000 millones para los próximos años, pero eso se tiene que materializar. No sacamos nada con tener proyectos dentro de 20 años si la demanda y las necesidades están hoy”, afirma.
En esa línea, destaca la necesidad de mejorar la coordinación institucional y agilizar los procesos para que las inversiones avancen de manera armónica y dentro de plazos razonables.
La productividad también aparece como un factor crítico. “Chile tiene que mejorar su productividad y acelerar la incorporación de tecnología. La gestión operacional y la productividad son claves para avanzar hacia una minería más eficiente”, sostiene.
Exploración y nuevas oportunidades
Más allá de los proyectos actualmente en carpeta, ambos expertos coinciden en la necesidad de fortalecer la exploración minera para asegurar la producción futura.
“Mientras más se explora, mayor posibilidad hay de encontrar nuevos depósitos y materializar proyectos. Ahí existe una deuda importante en materia de incentivos para la exploración minera”, plantea Rivas.
Pérez, por su parte, apunta además a una oportunidad poco explorada: el reaprovechamiento de relaves y otros pasivos mineros: “El país acumula cientos de depósitos de relaves y miles de millones de toneladas de material que hoy pueden transformarse en nuevos recursos gracias a las tecnologías disponibles. Lo que ayer fue un pasivo ambiental, hoy puede convertirse en un yacimiento”, explica.
Para el académico de la UAI, la clave estará en impulsar innovación, modernizar regulaciones y facilitar el desarrollo de iniciativas que permitan recuperar minerales desde estos depósitos.
Aunque Chile mantiene ventajas difíciles de igualar en reservas, experiencia, infraestructura y capacidad técnica, los expertos coinciden en que el liderazgo no está asegurado por inercia. En una industria donde la demanda mundial seguirá creciendo, la capacidad de ejecutar proyectos, aumentar la productividad y descubrir nuevos recursos será determinante para que el país conserve su posición como principal productor de cobre del planeta.

“Si Chile no logra aumentar su producción a través de nuevos proyectos, puede perder peso relativo y capacidad de capturar valor como referente mundial de la minería”.

“Chile sigue siendo el rey indiscutido del cobre, pero ya no duerme tranquilo. La pregunta no es si alguien le arrebatará el cetro de un golpe, porque eso no ocurrirá pronto, sino si Chile se quedará quieto el tiempo suficiente como para que otros lo alcancen”.






