Eduardo Villalón, ingeniero de Confiabilidad de Minera Centinela, analiza los desafíos técnicos del área en la que se desempeña.
La evolución tecnológica de la minería chilena ha transformado radicalmente las faenas en las últimas dos décadas, transitando desde operaciones manuales hacia ecosistemas totalmente automatizados. En el núcleo de esta metamorfosis se encuentra Eduardo, quien tiene con un cargo clave para garantizar la continuidad operacional.
Eduardo Villalón, ingeniero industrial con 16 años de trayectoria en Minera Centinela, explica el profundo impacto de esta especialidad. “Somos quienes lideramos la mirada de mediano y largo plazo al proceso”, define el experto, puntualizando que su labor no radica en la urgencia cotidiana, sino en resolver problemas crónicos y recurrentes en equipos mecanizados.
El área busca asegurar la estabilidad y previsibilidad de los activos en el tiempo, un objetivo que hoy se apoya firmemente en la digitalización. De hecho, el rol implica ser un agente activo del cambio: “Desde acá, en nuestra área, han nacido muchos sistemas autónomos; surgido muchos procesos de mejora y materiales, técnicas y de monitoreo de los equipos”, subraya Villalón, recordando que en sus inicios debía ir físicamente a la maquinaria para descargar los datos de trabajo y fallas, un proceso que hoy es automático.
El profesional asegura que esta transición requiere derribar paradigmas internos, puesto que liderar la innovación tecnológica obliga a “romper barreras en procesos en la implementación, porque tenemos la resistencia al cambio, por lo tanto, nosotros tenemos que ir más allá e incorporar las nuevas formas de hacer las cosas”, sostiene. Para cumplir este propósito, la formación continua resulta indispensable en un entorno donde la rudeza física dio paso al conocimiento especializado.
El ecosistema de proveedores y la validación en terreno
Por la naturaleza del trabajo de Eduardo, el desarrollo de una minería de vanguardia no se gestiona de forma aislada; requiere un encadenamiento con el entorno técnico y para ello proveedores ofrecen respuestas a las necesidades. El profesional explica que “hay muchas empresas acá en la zona norte, que están ofreciendo nuevos productos y que nos han visitado en la faena a presentarnos nuevos proyectos, tecnologías y materiales”. Esta interacción genera un valioso proceso de pilotaje y validación en terreno, enfocado en los grandes equipos mineros.
Entre estas experiencias conjuntas, el ingeniero destaca iniciativas que abarcan desde optimizaciones estructurales hasta energías limpias: “Recuerdo que hicimos unos pilotos para implementar soportes de goma para las tolvas; elementos de protección con mejor desempeño; también hicimos un piloto con suministro de combustible con hidrógeno; sistemas de mando eléctrico de los equipos Komatsu”, entre otros. Villalón cuenta que, para sostener este ritmo de innovación, la búsqueda de herramientas eficientes es constante, abarcando desde lubricantes avanzados hasta tecnologías de la información. Esto exige que los profesionales del área mantengan un aprendizaje permanente. “En mi caso hoy estoy cursando un magíster en Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial, porque en unos años más habrá nuevas herramientas para trabajar”, comenta Villalón, anticipando las competencias requeridas para la próxima década.
¿Qué pasa con la irrupción de la IA?
Respecto al auge de la inteligencia artificial, sostiene que su avance es veloz, pero requiere bases sólidas. “La inteligencia artificial es una herramienta que funciona como un asistente personal, pero para que eso suceda se deben incorporar herramientas profesionales que permitan configurar la IA para trabajos avanzados; no es llegar y decirle a la IA haz mi trabajo”, advierte. Alimentar y estructurar estos sistemas implica una alta preparación profesional. Mirando al futuro cercano, concluye que el cambio es inminente: “Pienso que en unos dos años más vamos a tener sistemas que funcionarán con IA, puede que sea antes”.







