Un estudio de la Universidad de Chile advierte que sequías prolongadas y precipitaciones intensas podrían provocar interrupciones operativas en la gran minería del cobre, con impactos productivos y económicos de alto alcance para el país.
Una investigación académica reciente analizó cómo el avance del cambio climático podría incidir en la continuidad de la actividad minera chilena durante la próxima década. A partir de la revisión de más de dos décadas de registros de emergencias asociadas a eventos climáticos, el estudio identifica que fenómenos como la escasez hídrica y las lluvias extremas representan un riesgo creciente para la estabilidad de la cadena de suministro del cobre, uno de los principales motores de la economía nacional.
El trabajo desarrolló un modelo que combina proyecciones de producción, escenarios climáticos y niveles de vulnerabilidad de las faenas, permitiendo estimar pérdidas potenciales de producción a nivel país. Las simulaciones muestran que tanto la sequía como las precipitaciones intensas podrían generar reducciones significativas en la producción anual, con impactos que también se traducirían en menores ingresos para el sector y para el Estado.
La investigación concluye que las operaciones mineras del norte y centro del país se encuentran especialmente expuestas, y plantea la necesidad de avanzar hacia planes de adaptación diseñados según las particularidades de cada yacimiento. Entre las prioridades destacan la mejora en la gestión del agua, el fortalecimiento de infraestructura crítica y la incorporación sistemática de información climática en la planificación operativa, como condición clave para resguardar la continuidad del suministro de cobre en los próximos años.







