Carlos Muñoz Narbona, ingeniero de Gestión de Riesgo de Seguridad.
Con 32 años de trayectoria, el actual Ingeniero de Gestión de Riesgo de Seguridad en Minera Centinela reflexiona sobre la transformación de la industria, el cambio de paradigma en la protección de los trabajadores y el desafío de formar a las nuevas generaciones en una cultura de prevención que trasciende lo económico para centrarse en el valor de la vida.
La historia de la minería chilena en las últimas tres décadas no solo se escribe con cifras de producción o avances tecnológicos, sino a través de las vivencias de quienes han habitado sus faenas. Carlos Muñoz Narbona, ingeniero de Prevención de Riesgos en Minera Centinela, es un testigo privilegiado de esta evolución.
Su camino comenzó en 1994, en una realidad operativa que hoy parece distante: “Llegué a la minería a trabajar a un trapiche en la Región de Atacama; ahí tenía a cargo tres minas subterráneas desde donde salíamos en un camión, íbamos a palear el material y lo llevábamos al trapiche”, recuerda Muñoz, evidenciando una evolución que hoy lo sitúa enseñando a supervisores la importancia de la data precisa para la operación de camiones autónomos.
Este viaje, que define como “fabuloso”, le ha permitido entender el cambio de mentalidad entre una generación que veía el trabajo como un fin en sí mismo y los nuevos profesionales que buscan un desarrollo integral como personas.
La seguridad como un valor humano y transversal
El cargo de Ingeniero de Gestión de Riesgo de Seguridad es, en palabras de Muñoz, una función crítica que actúa como el “Pepe Grillo” de la organización. En una faena como Centinela, donde conviven cerca de 10 mil trabajadores, su rol es asegurar que la ley y los procedimientos se cumplan sin excepciones. Aunque reconoce que “para las personas siempre será incómodo que esté indicándoles los procedimientos”, sostiene que su labor fiscalizadora es la que finalmente garantiza que todos regresen sanos a sus hogares. Para el profesional, la planificación es la herramienta definitiva contra la fatalidad: “Si el trabajo se planifica bien, el accidente no existe”, afirma con la convicción que otorgan los años de experiencia en terreno.
Esta rigurosidad actual contrasta profundamente con la visión de la seguridad que imperaba en la década de los noventa. Muñoz relata que, en sus inicios, la consigna era cruda: “No te accidentes porque vamos a perder tiempo en sacarte de ahí”. En aquel entonces, el sistema de incentivos solía ser contraproducente, fomentando el ocultamiento de incidentes para no perder bonos económicos. Sin embargo, el ingeniero destaca que hoy el enfoque es holístico y humano. “Hoy el foco está en una valorización desde el punto de vista humano, entendiendo que igual es un negocio”, explica, subrayando que la motivación para cuidarse ya no es solo el impacto en el bolsillo, sino la convicción de “llegar bien a casa”.
El desafío actual de su cargo también radica en la gestión del talento joven. Carlos Muñoz observa que los profesionales entre 20 a 40 años poseen una movilidad laboral alta, permaneciendo rara vez más de un lustro en el mismo puesto. Ante este escenario, su misión es estratégica: “En esos cinco años debemos ser capaces de inyectarles todos los conceptos de seguridad desde el punto de vista de la experiencia; tenemos que ‘enamorarlos’ de las personas y de su trabajo”. Para él, este proceso de formación es vital para traspasar la madurez necesaria en una industria que no permite errores, logrando que los nuevos ingenieros se empapen de las estrategias preventivas antes de seguir sus trayectorias en otros cargos.
Consultado por cuánto ha influido la minería en su desarrollo en el plano personal y profesional, Muñoz valora el crecimiento que la industria le otorgó. Comenzó como paramédico y, paso a paso, se tituló como técnico en metalurgia, técnico en prevención e ingeniero, una escalera de progreso que refleja la capacidad de la minería para transformar vidas. “El trabajar en minería ha permitido ver crecer a mis hijos y disfrutarlos, además de poder desarrollarme como persona”, concluye.







